Una noche, cuando la luna brillaba sobre el Pico Humboldt en Mérida, el Glaciar La Corona (el gigante azul) le susurró a Coro, un oso frontino, antes de marcharse:
—"Coro, amigo mío, me estoy convirtiendo en agua y neblina... pronto seré parte del río. Pero no quiero que la alegría del frío se vaya conmigo.
Te regalo mi último rastro de magia para que construyas un lugar donde los niños sigan sintiendo el invierno en sus pies".
Coro, que es un oso muy ingenioso, se dio cuenta de que no podía detener el tiempo, pero sí podía atrapar la sensación del hielo. Corrió a buscar a sus amigos Pluma,
el cóndor andino, y Mucu, el perro mucuchíes, y les dijo:
—"Amigos, el Gigante Azul se ha ido, ¡pero nos dejó un mapa! Si construimos una pista de cristal que se sienta como el hielo, el espíritu de la Sierra se quedará a jugar con nosotros".
—"¡Yo traeré el aire frío de las cumbres con mis alas para que la pista siempre esté fresca!", exclamó el cóndor.
—"¡Y yo cuidaré que cada niño que se ponga los patines se sienta seguro y feliz, como en casa!", ladró el perro emocionado.
Coro, el oso, sabía algo muy importante: para que el espíritu del glaciar estuviera feliz, su nueva casa debía ser tan pura como el agua de los picos.
Por eso, decidieron que su pista sería 100% ecológica, una tecnología mágica que no gasta agua ni energía, cuidando así los bosques donde vive Coro, el cielo por donde vuela Pluma y el hogar de Mucu.
Los tres amigos eligieron una pista de patinaje porque es la forma más divertida de "volar" sobre la tierra. Coro les explicó: "Si caminamos, pisamos la montaña.
Pero si patinamos, nos deslizamos suavemente sobre ella, respetándola, como si estuviéramos bailando con el recuerdo del glaciar".
Al patinar aquí, no solo te diviertes, sino que te conviertes en un Guardián de la Sierra.
Así nació Estación Glacial: una promesa de la manada para transformar la nostalgia del pasado en la diversión del presente.